• Uchi Vargas

Ámate a ti misma, después te amarán los demás

Actualizado: ene 13


Vivimos en una realidad donde el amor propio es una meta difícil de alcanzar. Paneles, revistas y demás medios nos bombardean “realidades de fantasía”, cualidades físicas imposibles y metas de una sociedad consumista que siempre nos deja deseando más y con la sensación de que tenemos y somos poca cosa.

Desde chicos nos enseñaron la ecuación perfecta de lo que “debemos ser” y la fórmula exacta de lo que “debemos hacer” para lograrlo, pero nunca nos preguntaron quiénes somos en realidad.

En mi caso, este tipo de educación me llevo a crecer con el sentimiento, muy inconsciente, de que para que los demás me quieran, yo debía ser y hacer lo que los demás esperaban de mí. No quiero ni calcular cuántos años he pasado intentando ser una mujer con la que nunca me identifiqué.

Como consecuencia, le tenía mucho temor a la soledad. Si estaba sola era porque nadie me quería, y si nadie me quería era porque yo no era quien debía ser. Cuando dormía sola era indispensable dejar un televisor o una luz prendida para poder conciliar el sueño, eso me hacía sentir que había alguien más ahí. Cuando mi pareja, amigos o familia no estaban disponibles, yo sufría con la idea de quedarme sola en casa, por más que fuera por una tarde o una noche.

Yo no sabía lo divertido y positivo que era pasar tiempo a solas conmigo, porque nunca lo había intentado. Hasta que me tocó descubrirlo a la fuerza, cuando al divorciarme me di cuenta lo importante que era pasar tiempo sola, analizando los sucesos de mi vida, mis emociones, mis virtudes y defectos. Esos momentos a solas me ayudaron a desarrollar un amor propio que me hizo sentir completa sin la necesidad de un tercero. Sentada sola en mi balcón, con una taza de café, o en el malecón mirando el mar, me sentí bella, capaz y feliz.

Cuando te das la oportunidad de formar una relación contigo misma, el amor florece por todas las direcciones. Cuando dejas de buscar el amor en los demás, y lo encuentras dentro tuyo, todos se acercarán a ti para contagiarse de ese amor.

Cupido tiene formas misteriosas, el enamoramiento no llega cuando lo estás buscando desesperadamente. No busques a tu príncipe azul, primero ámate a ti misma y luego, por consecuencia, un buen hombre aparecerá en tu vida atraído por tu seguridad y tu luz. Cuando te amas estás radiante y brillas ante los ojos de los demás. Y cuando te vuelvas a enamorar, nunca te olvides, que el amor de tu vida, eres tú.

Gracias por leer. 🙌🏾

Lectura recomendada: "El amor de tu vida: Una guía práctica y espiritual para una vida plena" de Enriqueta Oliviari.

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